Publicado: 15/8/2020
Autor: Paulina Vargas
Si has tenido la dicha (o desgracia para algunos) de enamorarte, sabrás muy bien que es una experiencia muy difícil de explicar; a veces tu mente y cuerpo actúan de maneras que tú no planeas y sientes una mezcla de sentimientos encontrados que te quitan el sueño. A pesar de que todo esto sea detonado por aspectos de carácter psicológico, existe una explicación biológica y química capaz de precisar mucho mejor lo que sucede detrás de todo este fenómeno.
El proceso de enamorarse es comúnmente dividido en 3 etapas, esto debido a que en cada una de ellas el cuerpo experimenta distintos fenómenos. Pero algo que tienen en común es que todas toman lugar en el cerebro, ya que el amor podría definirse como un proceso neurológico en el cual colaboran partes como el hipotálamo, la amígdala, la corteza prefrontal, el núcleo accumbens y el área tegmental frontal. Luego entonces, decir que amas a alguien con el corazón, termina siendo algo ilógico.

La primera de estas etapas es el deseo, el cual da inicio prácticamente cuando empezamos a sentir una atracción por alguien, cuando adquirimos un nuevo ‘crush’, por ejemplo. El cerebro enseguida percibe lo que sucede y comienza con la segregación de feromonas y hormonas esteroideas sexuales tanto en hombres como en mujeres, las cuales son la testosterona y los estrógenos.
Cuando comienzamos a tener la sospecha o incluso la certeza de que esa persona especial podría correspondernos amorosamente, se dispara la segunda etapa que es conocida como atracción. La cual provoca la liberación de compuestos químicos llamados monoaminas, entre los que se encuentran la dopamina, serotonina, feniletilamina y la norepinefrina.
No todos los enamorados llegan a experimentar la tercera y última etapa, denominada cariño o apego, ya que usualmente se consigue hasta después de un periodo de tiempo de haber iniciado una relación estable. A partir de esta etapa toman las riendas la oxitocina, vasopresina y la endorfina.
Ahora probablemente te preguntarás ¿qué son todos esos compuestos químicos y qué es lo que provocan?
Creo que a casi todos nos ha pasado que cuando por fin nos armamos de valor de hablarle o siquiera mandarle un mensaje a nuestro crush, nos ponemos nerviosos, nos pensamos mucho las palabras que diremos, e incluso nos pueden sudar las manos y temblar la voz. Esto es completamente normal, pues cuando nos encontramos en la primera etapa del amor, el organismo tiende a relacionar lo sucedido con una situación de estrés.
Algo relacionado con los efectos de la segunda etapa es la frase “el amor es como una droga”, y es que no está nada alejada de la realidad, pues tanto las drogas como el enamoramiento producen altos niveles de dopamina, la cual genera una constante euforia, deseo, dependencia y abstinencia en ambos escenarios; y es debido a esto que, después de un tiempo de interactuar con esa persona especial, nos damos cuenta que nos emociona verla, que nuestro ritmo cardíaco se acelera cuando estamos con ella y que, sin querer, no nos podemos concentrar porque siempre la tenemos en nuestros pensamientos. A esto se le suman los efectos de la serotonina, que afecta nuestro estado de ánimo haciéndonos sentir felices cuando estamos con esa persona o tristes cuando no; y asimismo los de la norepinefrina, que además de provocar insomnio y pérdida de apetito, aumenta nuestra capacidad de recordar estímulos nuevos, haciendo que recordemos los más mínimos detalles de cuando nos encontramos con esa persona.
En la etapa del cariño, los efectos de la vasopresina y la oxitocina hacen que el amor intenso y desmedido, que sentíamos en la segunda etapa, vaya decayendo para que tome lugar una sensación de apego. La vasopresina favorece a que el apego sea duradero y la oxitocina, apodada ‘sustancia química del abrazo’, hace que se cree un vínculo afectivo más estrecho por medio del contacto físico. Así también, se genera una sensación de calma y estabilidad con la otra persona gracias a la endorfina, pues las dosis extra de esta sustancia reducen el dolor haciendo que hasta las cosas más insignificantes nos provoquen alegría.
Uno de los síntomas más representativos del amor son las llamadas ‘mariposas en el estómago’, que son como un cosquilleo en la zona abdominal que se detona al ver a esa persona querida; esta usualmente se presenta en la segunda etapa del amor, pero no de manera estricta, y a diferencia de todos los síntomas previamente mencionados, no se provoca por la liberación de una sustancia química nada más.
Todo inicia en el sistema nervioso autónomo (SNA), el cual se divide en el SNA parasimpático y el SNA simpático; siendo el primero el que disminuye nuestra frecuencia cardíaca y nos hace sentir relajados, y el segundo el que se activa en tan solo unos milisegundos para segregar adrenalina y cortisol cuando el cuerpo se siente en peligro. El cambio de un SNA a otro es la razón exacta de este torbellino que sentimos en el estómago; ese estado de nerviosismo, incertidumbre y preocupación provocado tal vez por una primera cita o encuentro, el cuerpo lo interpreta como una situación que nos pone en riesgo. Y al cambiar al SNA simpático, cierta cantidad de la sangre que había en nuestro sistema digestivo se transfiere a los músculos de los brazos y piernas, pues son ideales para huir de una situación de verdadero peligro; nuestro estómago se da cuenta de la falta de sangre y oxígeno, y manda ese estímulo que sentimos como un aleteo de mariposas en señal de protesta.
Sin duda, enamorarse conlleva muchos cambios temporales en nuestro organismo, que la biología y la química son capaces de explicar; sin embargo, no existen reglas estrictas al enamorarse, ya que cuestiones como el por qué nos enamoramos y qué tanto nos podemos enamorar de alguien, son cosas que la ciencia exacta no puede abarcar, pues la parte sentimental del amor sigue siendo muy abstracta para la ciencia.
https://www.codigonuevo.com/entretenimiento/explicacion-cientifica-sientes-mariposas-estomago
https://www.nationalgeographic.es/ciencia/que-le-pasa-tu-cerebro-cuando-te-enamoras