Publicado: 4/8/2020
Autor: Paulina Vargas

Cuando pensamos en Venus, en seguida lo relacionamos con la diosa del amor, la fertilidad y la belleza de la mitología romana, y nos cuestionamos ¿qué tiene de especial este segundo planeta del sistema solar para ser nombrado como su mejor diosa? En realidad, los romanos no sabían mucho de este planeta, sólo le pusieron así por ser bonito, y por destacar a simple vista en nuestras noches despejadas. Pero, hay mucho de Venus que si los romanos hubieran sabido, dudo mucho que le pusieran el nombre de su mejor diosa.
Por mucho tiempo se creyó que Venus era un planeta con potencial para hospedar vida, pues tiene características estructurales muy parecidas a las que componen a la tierra, de ahí que digan que son parientes. Pues tienen un tamaño muy similar, Venus tiene cerca del 95% del tamaño de la Tierra; y ambos son planetas rocosos con un nucleo metálico, manto y corteza de casi las mismas proporciones. Es innegable el parecido, pero una vez que se pudo conocer más a detalle a Venus, la perspectiva que se tiene acerca de este planeta cambió de un posible nuevo hogar a un total catástrofe.
Se sabe que Venus es el planeta más caliente del sistema solar, pero ¿por qué? ¿si no es acaso Mercurio el más cercano al sol? Pues, Venus se gana este reconocimiento gracias a la composición de su atmósfera, la cual es demasiado densa debido a estar conformada en un 96.5% por dióxido de carbono (CO2), y esto provoca nada más y nada menos que efecto invernadero y lluvias acidas; y te preguntarás, ¿y eso qué tiene de especial si también ocurre en la Tierra? Bueno, esto es debido a que si comparamos lo que ocurre en Venus con lo que ocurre en la Tierra, sería como comparar todo el territorio de México con el área de la punta de un alfiler, son lo mismo, pero uno mil veces mayor que el otro.
Ahora ya te puedes dar un idea del escenario que se vive en Venus: temperaturas de hasta más de 570ºC que te rostizarían en menos de un segundo, lluvia ácida, ambiente espeso que provoca una presión atmosférica 92 veces mayor que la de la Tierra y una atmósfera que casi no permite la liberación del calor emitido por el sol. A eso súmale los rayos, una constante tormenta entre las nubes espesas, pues el ambiente es tan denso que los rayos no pueden ni atravesarlo para llegar al piso así que se quedan de nube a nube. Al ser una tormenta sin cesar, el cielo nunca está despejado, y es gracias a sus nubes que el planeta sea tan luminoso, pues son excelentes reflectoras de la luz solar.
Y como si todo eso fuera poco, Venus es el planeta con mayor actividad volcánica del sistema solar, tiene cerca de 1600 volcanes, de los cuales un estudio de la Universidad de Maryland en este mes confirmaron que alrededor de 37 se encuentran activos. Y no solo es la cantidad lo que asusta, sino también el tamaño, que el más reconocido de ellos, Maat Mons, mide 8km por encima del radio principal de Venus; que para darnos una idea, sería como apilar 333 pirámides de Chichén Itzá aproximadamente.

Venus será muy malicioso a comparación de la Tierra, pero a este planeta y a toda la información que se tiene acerca de este, le damos las gracias; por que es a raíz de esta información que se pudo comprender más a detalle el efecto invernadero que nos afecta aquí en la tierra. Algo que está claro es que no se necesita llegar a estar en condiciones como las de Venus para que las grandes emisiones de CO2 sean un problema del cual estar consternados y por el cuál tomar acción.